3 de agosto de 2010

Pico Tiatordos desde Pendones



El Pico Tiatordos (1.951 m.), estrella del Cordal de Ponga, es un monte clásico y emblemático de los muchos de nuestra orografía más próxima, lo es a pesar de su no excesiva altitud por varios factores: nulo acceso por el este, y el norte por su verticalidad para los senderistas, y fácil aunque pendiente por el oeste, su forma de vasija o de “Recuenco” bien visible desde la vertiente nororiental, sus múltiples formas y perfiles dependiendo del lado o situación del observador, su ubicación que permite extraordinarias panorámicas a larga distancia en cada punto cardinal, y su privilegiada situación en el límite entre los parques naturales de Redes y Ponga.
Por la AS-17, camino del Puerto de Tarna, sobrepasamos Caso, Bezanes, La Foz, y en Pontonciella, nos desviaremos a la izquierda para, a un kilómetro, entrar en Pendones.
Pendones (760 m.) es una aldea de 50 vecinos –de gentilicio pendonexos-, perteneciente a la parroquia de Sobrecastiello, del municipio de Caso, famosa por su tradición madreñera, actividad hoy en claro declive, aunque aun mantenga un “Taller de la Madreña” que permite entrada al público a efectos de demostración artesanal. Se puede apreciar directamente este oficio de madreñero y sus herramientas así como una muestra de la artesanía local de Caso”.
Este pueblecito casín, del que partiremos para la excursión de hoy siguiendo la alternativa más sencilla y recurrente, es uno de los posibles puntos de arranque clásicos para hacer la ruta al Pico Tiatordos. Otra posibilidad es desde Taranes (Ponga).
La de hoy es una ruta que programamos de ida y vuelta, la más fácil y habitual, frente a otras alternativas de carácter circular o con orígenes en el concejo de Ponga. Está señalizada hasta la Majada del Tiatordos como PR-AS-65.
Al descender del coche tras aparcar cómodamente (hay un buen parking), destaca hacia el NE por encima el perfil de la vertiente sur del Tiatordos. Por delante, y por donde pasaremos en un rato, la Foz de Palombar, entre el Xerru Mateos (1.255 m.), el Pico Palombar (1.402 m.) y Peña Areo (1.414 m.).
Comenzamos a caminar desde el aparcamiento, al principio por carretera hasta que se convierte en pista, y que discurre hacia el NE a lo largo del valle de Pendones.
Dejamos dos desvíos por la izquierda y tras cruzar el Reguero Rinavea llegamos al puente de la Ría La Faya. Poco después a la izquierda primero y camino empedrado de ascenso por la derecha luego, para acercarnos a las ruinas de las cabañas de la mayá Sen de la Vara atravesando el valle Arroyo Palombar. Tras rebasar las cabañas nos introducimos por la izquierda al poco en la Foz de La Palombar. Se trata de un estrecho canalizo, reguera arriba, largo, zigzadeante y pindio.
Salimos de la canal en la mayá El Pláganu (1.300 m.), donde hay restos de varias cabañas derruidas y una fuente. Desde aquí volvemos a ver la cumbre nuestro objetivo de hoy.
Seguimos subiendo por la izquierda ascendiendo hasta la Collada los Acebos (1.455 m.). Mirando hacia atrás, al sur, distinguimos claramente el Cantu del Oso (1.793 m.), y al oeste y al norte los picos la Senda (1.705 m) y Carasca (1.744 m). Un bosque de haya y roble nos va ofreciendo un nuevo escenario natural, uno más entre los diversos por los que nos vamos moviendo como característica de la variada naturaleza de esta ruta.
Un poco más tarde llegamos a un prado desde donde por la izda., siguiendo jitos, subimos la senda que nos lleva hasta la mayá Tiatordos (1.543 m.). A nuestra izquierda, al norte, sobresale el Pico de la Copona (1.596 m).
Seguimos por el NO manteniendo la senda para acometer la ascensión a la cumbre desde el oeste, La Panda el Tiatordos, salvando en lo posible el roquedo y el incómodo matorral bajo.
Avanzamos por una abrupta arista, cortante por su vertiente este, La Copa, con imponentes paredones de 500 metros de altura de caída casi vertical. El ascenso hasta la cima es largo, pero sobretodo pronunciado para nuestras, ya machacadas, piernas. Y así, con paciencia y constancia nos vimos arriba.
La cumbre se encuentra marcada con un piolet de acero con placa dedicada a los “montañeros fallecidos”, tiene buzón de cumbre y dispone un vértice geodésico
Las panorámicas desde arriba presentan en los cuatro puntos perfiles conocidos: como los Picos de Europa al este, con sus cumbres señeras de los Macizos Occidental y Central, destacando Peña Santa de Castilla (2.596) en el Cornión, y Torrecerredo (2.648) en los Urrieles. Al norte Peña Taranes (1.681 m.) como más próximo, y el Maoño (1.429 m.) y el Cunio (1.209 m.), mas lejos, y ya en el horizonte se nos perfilan inconfundibles la Sierra del Sueve y El Cuera. Al sur se nos destacan el Maciédome (1.903 m.), Peña Ten (2.142 m.) y Pileñes (2.019 m.). Al oeste, el Pico la Senda (1.706 m.) y La Magrera (1.795 m.)
La bajada la hicimos por el mismo sitio
En fin, la ruta no es larga, si bien es muy pendiente carece de riesgos o pasos comprometidos, pero tiene un atractivo especial para cualquier montañero que se precie de serlo en función de la importancia del pico como objetivo: el TIATORDOS debería escribirse siempre con mayúsculas.





Distancia: 11,7 km
Desnivel acumulado de subida: 1.232 m
Dificultad: Media-alta
Duración: 7h 35 min




Taller de la madreña
Al fondo el Tiatordos
Puente sobre el río La Faya

La Foz de Palombar

Valle de Palombar

Entramos a la Foz de Palombar
Bien señalizada, pintura y jito


Facilidad de paso, a pesar de la pendiente pq está seco
Por Xerru Toral
Salimos de Xerru Mateos
Ya estamos en la majada de Pláganu


Vistazo atrás
Pico Maciédome







Sobrepasamos la Collada de Acebos

Ascendemos hacia la Majada Tiatordos

Nos hallamos en la campera de la base del Tiatordos



Subimos por la arista hacia la cumbre



Algunos estamos arriba


Otros aun trabajan para ello

El descanso del montañero
Es ruta de las de sudar la camiseta
Volviendo a la altura de la Mayá Sen de la Vara



22 de junio de 2010

Pico Pienzu



Entre las montañas más guapas de nuestra tierra del Principado de Asturias no podía faltar el pico Pienzu (1.161 m.), no tanto por lo que él por sí mismo representa, sino por sus circunstancias: su historia, su entorno, sus vistas, su fácil acceso, etc.
Habiendo dejado el coche en el amplio parking del Alto del Fito (599 m.), Cruz de Llames, nos acercamos como visita obligada a su mirador, atalaya imprescindible a asomarse, pues es uno de los puntos desde donde de un solo vistazo puedes distinguir entre lo más alto de Asturias, con los Picos de Europa y Torrecerrado, y el punto más bajo de nuestro límite septentrional, cuál es el litoral, en este caso el de las de la costas de Colunga, Caravia y Ribadesella.
Tras cruzar la carretera (AS.260) comenzamos la andadura justo enfrente, ascendiendo por el sendero marcado y registrado como PR.AS-71, aunque sólo recorreremos parte de él.
Bordeamos dejando a nuestra izquierda El Refugio de El Fito, subiendo por un paraje de altos pinos. Cresteamos Peña de Proares o El Fito hacia el sudoeste, y faldeando por Los Arrudos nos dirigimos hacia el Cantu la Teya.
A nuestra derecha la rasa costera de Colunga, y por nuestra izquierda hacia el sur la montaña interior de Asturias y los Picos de Europa.
Tras crestear más o menos una hora por una senda bien pisada y sin pérdida posible, nos introducimos en una hermosa pradería apostada en la falda meridional de Les Duernes (1.031 m.), denominada la Vega o Llanada de Bustaco (668 m.) En sus tiempos tuvo que ser una buena majada, hoy con las cabañas en ruinas, pero que dispone de abrevadero para el ganado vacuno y caballar que en buen número puebla la zona, e, importante, una buena fuente de agua fresca.
Recortando por la pared de la Múa, por pronunciado repecho, llegaríamos a un collado, el Beluenzu (928 m.), que nos ofrece la posibilidad de un ligero alivio de descanso y agua en una fuente de doble caño denominada Brañafondera de Mergullines (870 m.)
La pendiente se va pronunciando por momentos a medida que nos acercamos a la ladera meridional de nuestro objetivo: el Pico Pienzo, a la altura de El Cuadro (1.030 m.), pero ya sólo con una ligera variación a la derecha, justo al norte, y un último esfuerzo de ganarle a la altura unos ciento cincuenta metros más, coronaremos la cima.
Y desde su vértice, no nos privamos de disfrutar de las preciosas vistas: al norte lo más septentrional de las estribaciones del Sueve y las playas de La Griega y Espasa; y al sur: los Picos de Europa, majestuosos en un día claro como hoy.
La vuelta, por el mismo recorrido, sin pérdida y, ahora, cuesta abajo.






Distancia: 11,40 km
Desnivel acumulado de subida: 650 m
Dificultad: Media-baja
Duración: 4 h 30 min


Mirador del Fito

Con los Picos de Europa al fondo

Piedra Redonda y El Sueve

Refugio de Piedra Redonda

Vista al sur

 

En memoria de los guardas forestales


Al NE la Sierra del Fito

La Isla y la Playa Espasa


Vista al oeste

Rodeando Cantu la Teya hacia Bustaco. A nuestra derecha vamos dejando el Pico Sellón y el cauce de la Riega de La Toya

Vega de Bustaco desde los Arrudos


Abrevadero en Bustaco



Fuente en Vega de Bustaco

Vega de Bustaco desde Mergullines

Típico asturcón negro con la mancha en la frente



Fuente de doble caño en la Majada Mergullines



Cima del Pienzu con la cruz y el V.G.


Pico Mirueñu

Playa de la Isla


Vértice geodésico en la cima





Vamos bajando




En una publicación del Ayuntamiento de Parres, reza así:
"La ascensión al Picu Pienzu es sin duda la excursión más bonita que se puede realizar dentro del concejo de Parres. El Pienzu es el pico más alto de la cordillera del Sueve con 1.149 m., y tiene un enorme interés, entre otras cosas, porque tan solo dista 5 Km. de la costa, convirtiéndose así en una de las cumbres más altas y más cercanas a la costa del mundo. Asimismo, en el Sueve se encuentran los últimos ejemplares de caballo asturcón, una especie en vías de extinción."





5 de junio de 2010

Fabes con centollo y almejas



Ingredientes

Fabes, 400 gramos. (alubia blanca de Granja)
Un centollo de kg. (Mejor centolla con su hueva)
250 gr. de almejas
1/2 pimiento verde
1/2 pimiento rojo 
1/2 cebolla
1/2 ajo puerro
Dos dientes de ajo
Perejil
Una hoja de laurel
Un sobre de azafrán
Pimentón dulce
2 guindillas
Pimienta negra
Sal
Aceite de oliva
Vino blanco
Sidra




Preparación

Debemos poner “les fabes” a remojo la noche anterior a la preparación de este guiso de fabes con centollo y almejas. 
Es recomendable haber dispuesto previamente éstas por un par de horas en agua con sal para que desprendan la arena si la tuvieran.





Lo primero que hay que hacer es cocer el centollo en una olla cubierto completamente en agua entre diez y quince minutos con suficiente sal, pero conscientes de que aprovecharemos posteriormente ese caldo. Así pues ponemos una cazuela con agua y sal y cuando comience a hervir, añadimos el centollo Transcurrido el tiempo y considerado cocido lo apartaremos del fuego y lo dejaremos enfriar.
Colamos y reservamos el caldo, caldo que utilizaremos como fumé en la cocción de les fabes.





Por otro lado prepararemos un sofrito en una cazuela con un poco de aceite. Pelamos los ajos y los doramos troceados sin que se nos quemen. Picamos la cebolla y el ajo puerro y lo añadimos con un toque de sal, y en el momento en que estén pochados agregamos los pimientos debidamente troceados. Revolviendo a menudo y a fuego lento conseguimos ir ablandando el mix. Cuando consideremos que lo tenemos resuelto añadimos dos “culines” de sidra y hervimos cinco minutos.
En una sartén ponemos una pizca de aceite, perejil picado y las almejas a saltear, y removemos. Una vez abiertas éstas se les puede agregar medio vaso de vino blanco y dejar hervir durante cinco minutos. Concluida esta fase sacaremos las almejas conservando la salsa.






Finalmente, en una cacerola de tamaño suficiente disponemos el fumé necesario y les fabes, de tal modo que queden abundantemente cubiertas. Reservamos el resto del caldo para suplementar a demanda. Añadimos la salsa de las almejas colada y el mix o sofrito de vegetales. Además la hoja de laurel, las dos guindillas, una cucharadita de pimentón dulce, el sobre de azafrán y una pizca de pimienta negra.
Este proyecto de cocido debe hervir durante dos horas y media al mínimo fuego posible que asegure sin embargo su continuidad. Si el caldo quedara escaso añadiríamos, de lo reservado, un poco más.
Habiendo dejado enfriar el centollo lo suficiente para permitir su manipulación, romperemos sus patas, trocearemos su cuerpo y escarbaremos sus rincones para extraer su carne totalmente limpia de cualquier trozo de coraza o cartílago. Es un trabajo arduo, que poco tiene que ver con el más habitual de comer el centollo tal cual y chupar sus patas. Sin embargo es muy importante armarse de paciencia para lograrlo ya que en última instancia los comensales nos lo agradecerán.
Agregaremos esta carne y las almejas al cocido que durante quince o veinte minutos ha de seguir hirviendo despacio. En el discurrir de este periodo iremos rectificando de sal por defecto, con la previsión de que si nos sobra para el día siguiente lo encontraremos más salado y picante.



12 de abril de 2010

Torrijas de leche o picatostes


Ingredientes


  • Una barra de pan del día anterior.
  • Un litro y medio de leche.
  • 5 huevos.
  • Dos palos de canela-rama
  • La piel de un limón
  • Un chorrito de anís
  • 250 gr. de azúcar
  • 1 cucharada de canela molida.
  • Aceite de oliva virgen extra


ELABORACION


Preparación de la leche infusionada

Calentamos la leche hasta casi el punto de ebullición añadiéndole la mitad del azúcar preparado, las barritas de canela y la piel de un limón previamente lavado. La leche debe estar tibia o fría cuando la empleemos para empapar las torrijas.


Baño del pan

En una fuente lo suficientemente grande y profunda se colocan las rodajas de pan de la barra, previamente cortadas en lonchas de unos dos cm. de espesor, y sobre ellos se echa la leche templada dejándola reposar unos cinco minutos a fin de que empape lo suficiente y, sin embargo, no ablande demasiado. Resulta conveniente darles una vuelta.

Fritura de las torrijas

Cada rebanada de pan empapada en leche, se rebozada en huevo batido y se fríe en aceite de oliva virgen extra.

Seguidamente vamos retirando a un plato con papel de cocina absorbente cada una de las tostadas de pan ligeramente doradas, a fin de eliminar el posible exceso de aceite.

Preparación del almíbar y presentación final

En un recipiente adecuado (un cazo vgr.) se calienta agua agregándole el resto del azúcar, la canela en polvo y el chorrito de anís. La mezcla ha de revolverse ligeramente con una cuchara de madera para evitar que se pegue al fondo.

En cada plato a consumir individualmente se sirven el número de torrijas a degustar, vertiendo sobre ellas cuatro cucharadas soperas por cada una, a fin de que se impregnen bien de ese dulce almíbar de canela y anís.

Normalmente deberían dejarse enfriar para degustarlas a temperatura ambiente.





Origen de las torrijas de leche
Las torrijas de pan es uno de los postres más tradicionales en España. Es una de las recetas más originales de los más típicos dulces de Semana Santa.
La primera constancia escrita al respecto se data en el s/XVI, sin embargo hay quien sitúa sus orígenes en el Imperio Romano, habitualmente bañadas en miel.

En algún sitio he leído que tratándose, sin embargo, de un postre internacional, en cada país recibe una particular denominación: Los ingleses las llaman “French toast" o “Poor Knights of Windsor”, para los franceses son “Pain perdu” (pan perdido).”, en Portugal vienen a ser “Rabanadas” y en USA “French Toast”.